Los tonos naranjas cálidos se concentran alrededor de la flauta, mientras que los azules fríos se extienden suavemente hacia los bordes. Los colores parecen seguir su propio camino, como la luz que atraviesa un prisma y se transforma en un espectro. Krishna permanece tranquilo en el centro, con su silueta oscura destacando entre toda esa luz.
Los colores parecidos a un arcoíris se abren hacia afuera en suaves franjas, creando una sensación soñadora y ligeramente psicodélica sin perder el carácter espiritual de la escena. En lugar de mostrar a Krishna en un bosque o un palacio, esta imagen hace que parezca formar parte de la propia luz.